Conocí un matemático hortelano
que cultivaba cifras en las melgas de un cuaderno
y en los márgenes plantaba puntos divisorios
para demarcar los lindes de su huerto.
Recuerdo que abonaba sus sembríos
con signos más esparcidos al voleo
y regaba las hileras con caudales
de los dígitos sumados en el tiempo.
Multiplicaba plantaciones con mugrones
aporcando los tallos en potencia:
¡Soñaba una cosecha de ecuaciones!
Mataba las malezas con la resta.
Copyright @2019 Agustín Rojas García

