Se sumerge Cristo
en las profundidades del infierno
blasfemando a los verdugos de sus huestes.
Y, blandiendo su énfasis de furia
arrebata del demonio
sus arcángeles deshechos.
Se detiene a pensar entre las llamas
y elabora un puñado de manzanas
que al retirarse
consumen en silencio.
Copyright @2019 Agustín Rojas García

