En un rincón de su bote
sentado en una sandalia
oteaba en el horizonte
buscando la flor del agua.
De pronto una estela blanca
surcó en su mirada vaga
y un grupo de cien sirenas
vadearon profundas aguas.
Sus blondas cien cabelleras
se mecían entre algas
entretejiendo las redes
que le atraparon el alma.
Surto, en la lejanía
su cuerpo inerte le aguarda
las olas ya no permiten
juntar su cuerpo y su alma.

